Mostrando entradas con la etiqueta Ricardo Piglia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ricardo Piglia. Mostrar todas las entradas

7 de marzo de 2011

«Querido Diario»: Postales en la vida de Ricardo Piglia

Publicación original: Revista Cronopio

UNO. Hace un par de meses, el suplemento Babelia del periódico español El País anunció un «acontecimiento literario»: el comienzo de la publicación de los Diarios de Ricardo Piglia. Tales Diarios constituyen una pieza ya mítica para la literatura hispanoamericana de nuestro tiempo; en el mundillo literario se habla de ellos desde hace décadas.

12 de octubre de 2010

Hansel y Gretel como maestros del crimen

Publicación original: unabirome

Algunos apuntes sobre Blanco nocturno, de Ricardo Piglia

UNO. —¿La novela en la que trabaja ahora es Blanco nocturno? —le pregunté a Ricardo Piglia cuando lo entrevisté, en julio de 2007, en su casa de Palermo Viejo, en Buenos Aires.
—Sí. Tengo una primera versión…

—Esa novela ya la menciona en entrevistas de hace tiempo, como 15 años, más o menos.
—Más o menos, sí. Ya no me acuerdo bien, pero es un libro que empecé antes de Plata quemada, creo. Tiene que ver con esa idea de «le voy a dedicar un tiempo a este libro», que es lo que va a suceder ahora. Voy a trabajar en este libro un año, a ver qué pasa. Pero estas son circunstancias menores, lo único que importa es el libro cuando sale, eso es lo que vale.

1 de octubre de 2007

Entrevista a Ricardo Piglia: «Para un escritor también es importante lo que no publica»

Publicación original: Revista Teína

La charla es en la segunda planta de su casa, ubicada en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. Hay allí una tabla apoyada en un par de caballetes a modo de mesa, una computadora portátil, un teléfono y, como es de esperar, muchísimos libros. Los que están más a mano, sus lecturas actuales: Benjamin y Brecht, historia de una amistad, de Erdmut Wizisla, y Memoria de Ulises, de François Hartog. En la biblioteca que cubre casi toda la pared conviven los autores que lo apasionan, desde Thomas Pynchon hasta Macedonio Fernández, de Don DeLillo a Borges, de William Gibson a Roberto Arlt. El otro flanco lo domina un amplio ventanal, que deja entrar la luz del sol en la piadosa tarde del invierno porteño.